La lluvia es como ese tema que siempre resuena en mi cabeza. Elevándose cuando necesito calma y equilibrándome cuando estoy inestable.
Sus gotas son cual rima que repite una y otra vez la misma idea de serenidad que se impone fuertemente avalando en deseo de despejar mi mente.
Encuentro en la lluvia semejanza con esa música que inexorablemente llevará mis pensamientos hasta la tranquilidad.
Así como la tormenta feroz e implacable cae con determinación, el ritmo de esa canción se vuelve incesante, cubriendo incluso aquella locura que sutil pretende asomarse.
De a veces es un rocío, de a veces es un diluvio. Llegando de improvisto en el momento exacto en que el dolor quiere desbordarme.
Cuando la lluvia atraviesa el cielo toma posesión del suelo al igual que esas estrofas acallan las malas ideas que vagan pretendiendo crecer dentro de mi.
El sonido de la lluvia sobre la tierra acarrea sobre mí la calma del mismo modo que esa letra tan conocida que escucho una y otra vez para liberarme de sueños atroces.
Caminado por la calle, aún rodeada de gente, se siente más fuerte la soledad. Busco ir por caminos vacíos que reflejen como estoy en verdad.
Mientras voy gastando pasos, dirigiéndome a ningún lado, escucho la música que suena en el reproductor. Y como si el cielo notara que aún necesito algo más para apagar mis ansias, comienza a llover.
El agua empieza a humedecer mi rostro. Pronto estaré empapada pues no me detendré a refugiarme ya que esto era lo que me hacía falta.
Disfrutaré este momento bajo la lluvia al mismo tiempo que resuena en mis oídos ese tema que se eleva para calmarme, equilibrando la inestabilidad que agita mi ser interior.

la lluvia simepre es compañera en momentos de vaga soledad,pero mas aún, en momentos de triste agonia, de indesición, alegria y pesar
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