Si podía evitarlo, lo evitaba. Si tenía que enfrentarlo, lo evitaba. La rutina de todos los días. Lamentablemente la máxima regente en mi vida era mi madre. Y si ella determinaba que tenía que verlos, lo haría.
- Oh Madre ¿acaso no sois capaz de sentir pena por mi? ¿Vuestro dios os odia tanto que os somete a tan cruento castigo?-
-Como si hablarme de forma romántica lograra convencerme! Mira la camisa que te compré!-
-Oh Madre ¿no tenéis corazón para oír mis suplicas?-
-Mi amor ¿cuantos años tenes?-
-17...-
-¿Y donde vivís?-
-En tu casa...-
-¿Y cuál es la regla general de esta casa?-
-...-
- ¡Que hermoso que nos entendamos!-
- Me odian, no nos podemos ver las caras, apenas nos cruzamos en el colegio, por favor, no hay forma de que no me jodan si voy a una fiesta que organizan en su casa... Te lo ruego, Mama, quiero quedarme!!!-
- ¡Que bueno que ya no estés fingiendo! Si no se llevan bien, es porque pusiste poco empeño en hacer amistad con ellos. Pero podes empezar haciendo las pases hoy.-
- ¿No podré hacerte cambiar de opinión? Esto solo te beneficia a vos, así que espero que sientas algo de culpa cuando me veas volver lastimado!-
Solo tres veces en mis 17 años había logrado hacerla cambiar de planes. Seguir un rato más con la discusión haría que se enojara. De hacerla enojar debería, al igual que todos los vecino, escuchar su discurso: "si no eres mayor de edad y no vives solo, solo hay una cosa que puedes hacer para sobrevivir: O-BE-DE-CER-ME!"
Elegí desistir y prepararme para lo que se venía. Una fiesta. Se supone que a esta edad una fiesta es lo mejor que te puede pasar. Pero si tenes que ir como compañero de tu madre y la organiza el padre de tu peor enemigo, se transforma inesperadamente en una pesadilla.
Hace poco que vivimos en este barrio. Solo un mes en el nuevo colegio. Ya 3 enemigos. Rose. La primera vez que me la cruce me pidió que fuera su novio. Como no la conocía la rechacé. Ahora me persigue amenazándome de muerte. Elise. El primer chico que conocí. De hecho estábamos en la plaza descansando de la mudanza cuando accidentalmente me lo choqué. Le pedí disculpas. Las aceptó, pero me pidió cordialmente que dejara de ser tan torpe. Alez. Compañero de curso. Supongo que me vio y me odió sin razón aparente. Luego lo comprendí, ellos tenían en común una familia. Eran hermanos. Elise y Rose eran mellizos, un año menor que yo.
Todos los años en el barrio se hacía una fiesta de beneficencia. Eran gente solidaria. Ayudan a barrios carenciados y a escuelas de todo el país. Cada año un vecino ponía su casa para tal fin. Ese año la casa sería la del señor Lenz y sus 3 adorables hijos.
Mama estaba convencida de que yo hice que me odiaran, pero la verdad se ofuscaron por nada. Intenté llevarme bien con ellos, pero fracase estrepitosamente. Evitarlos había sido la única forma de tener un buen día.
Mi madre es muy sociable, por lo que esta era una oportunidad perfecta para conocer a todos los vecinos y hacerse amigos, ya que no había contado con mucho tiempo. Y yo debía simplemente seguirla, en silencio, sin chistar. Era un fastidio. Solo esperaba que alguien me rescatara.
El recate nunca llego. Mi madre me persiguió por toda la casa hasta que me vestí. Casi arrastrándome me sacó a la calle. Caminamos las 3 cuadras que nos separaban del señor Lenz. Y como si fuéramos amigos de toda la vida nos adentramos saludando animosamente a todos. Solo pude estar tranquilo 2 horas, hasta que hicieron acto de presencia...
Primero Rose se interpuso en mi camino. Me dirigía hacia la cocina a buscar una bebida. En realidad solo buscaba una ruta de escape mientras mi madre se entretenía con unos vecinos.
-¿Como es que te atreves a venir aquí?-
- Sabes, no fue mi idea. Puedes hablar con mi madre y sugerirle que me valla si tanto te molesto-
-Cobarde. Te refugias en tu madre.-
- ¿Y tu no? ¡Oh, perdón lo olvidé. No tienes una!-
- ¡Eres despreciable!-
-¡Y yo que pensé que me amabas!-
- ¿Pasa algo Rose?-
Genial. Como no era suficiente con una psicópata, aquí se sumaba otro.
-¡Alez, este despiadado se esta burlando de mi!- Abrazó a su hermana como si sintiera amor o algo parecido por ella. Solo se unían para molestarme.
- Rose, recuerda que nosotros ignoramos a los idiotas.-
Como ya sabía el rumbo que tomaría esta charla amistosa, me fui. Podía ser tolerante, pero solo hasta cierto punto. Y ellos superaban ese punto ampliamente. Salí hacia el jardín, también lleno de gente. Casi no había lugar ya que la casa no era muy grande. Me alejé un poco más. En el fondo había 2 árboles enormes. Me acerqué a uno de ellos y me recosté en el tronco. Pero la suerte seguía huyendo de mi. Por supuesto que no era mi intención presenciar lo que presencie. Solo estaba escapando.
Me apoyé en el árbol, cerrando los ojos. Mientras estiraba los músculos del cuello, oí un murmullo entre las hojas. El destino fue cruel conmigo. Solo levanté la vista para asegurarme de que esa voz que había escuchado no era la de Elise. Entonces este y otro chico cayeron sobre mi. El otro chico era Daniel. Pertenecía a una de las pocas familias adineradas del barrio. Estaba terminando su carrera de abogacía.
Ni bien recobraron el equilibrio, Daniel me agarró del cuello de la camisa.
-¿Que estabas viendo?-
-Nada- aseguré algo confundido.
- ¡Con que suelte algo te mato!- me aseguró y rápido se alejo de nosotros entrando en la casa.
Elise me miro algo contrariado. Respiró profundo. Se refregó la cara. Y con un tono severo se dirigió a mi.
-Su familia se entera y estaremos muertos. Por favor...- dijo agachando la mirada.
En el momento no entendí nada. Solo asentí con la cabeza y sin siquiera pensar volví a la casa, atravesé la puerta y me dirigí a mi casa. Esperé por un par de horas a mi madre con la mente en blanco.
-Podrías haberme avisado ¿no?- protestó mi madre al verme sentado en la entrada. No respondí. Sencillamente entré detrás de ella. Luego, en mi habitación, me desnudé y me eché a dormir.
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